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La enorme capacidad anestésica del régimen zapateril:

Que se sepa, nunca ha habido ningún régimen populista que haya conseguido -o que de veras lo pretendiera- poner remedio a la injusticia, mejorar la vida de los más favorecidos, acabar con la pobreza (miseria tanto económica como cultural) Ningún sistema político “populista-progresista” ha promovido una verdadera educación, orientada a fomentar el pensamiento crítico, a erradicar las formas de pensar acientíficas, supersticiosas, las diversas formas de fanatismo.

Los programas políticos de gobiernos “socialistas” como los que hemos tenido en España desde la muerte del General Franco, nunca han tenido como objetivo lograr un desarrollo sólido y perdurable (“sostenible” lo llaman ahora). Realmente lo que menos les interesa son los derechos de las personas, les despreocupan los intereses de la gente corriente, y por supuesto les importa un bledo la salud de las instituciones “democráticas”, la participación ciudadana, y toda la retahíla con la que adornan sus discursos vacíos… Muy al contrario, procuran crear más y más situaciones de dependencia asistencial, fomentando el clientelismo-servilismo, “estómagos agradecidos”, servidumbres más o menos voluntarias, todas las formas posibles de subsidios, y adoctrinan a la población inculcándoles “valores” cargados de resentimiento, de revanchismo, o como poco de perplejidad y confusión…

Se trata de conseguir lealtades a ultranza, asegurarse la adhesión inquebrantable de la mayoría de la población, eso sí, mayorías “secularmente oprimidas, maltratadas y con enormes carencias”. Las diversas formas de socialismo autoritario (aunque posiblemente todos los socialismos lo son) así como los diversos fascismos, recurren a estrategias semejantes: se inventan un enemigo exterior, se inventan un enemigo interno y un enemigo en el pasado reciente. Por supuesto, para “echar balones fuera” la responsabilidad siempre es de otros, de la etapa política anterior, la “deuda histórica” lo llaman. De ese modo podrán seguir medrando, expoliando y malversando por mucho tiempo y con total impunidad…

En España contamos con referencias para dar y tomar: La causa principal de todos los males es “la derecha casposa, egoísta y reaccionaria, contraria a cualquier forma de progreso”, también el franquismo, y otro recurso muy eficaz es el “caciquismo secular”. Y ya en tiempos más recientes, el gobierno de José María Aznar (enemigos “pretéritos”) Por descontado las etapas en las que gobernó el PSOE en España, con Felipe González, nunca existieron (¿Se acuerda alguien a estas alturas de Filesa, los GAL, “Mister X”, los “fondos reservados”…?)

De la actual situación que padece España el partido gobernante no tiene ninguna culpa, y a Felipe González y sus diversos gobiernos, ni nombrarlos. La versión del régimen es tan chocante, tan zafia, tan esperpéntica que ni a Valle Inclán se le hubiera ocurrido. Es un guión perfecto para una película de Pedro Almodóvar… Los actuales gobernantes formaban parte del mismo partido político, aplaudían a rabiar todas las ocurrencias del “jefe”, todas sus decisiones, participaron en todas sus campañas en las que fue elegido y reelegido, le rindieron pleitesía,…

Los sistemas demagógicos-populistas no se basan en ideas definidas, en programas de gobierno concretos, ese es el motivo de que proclamen de si mismos que son pragmáticos, realistas, y que cambien periódicamente según sopla el viento. En sus comités, consejos, “ejecutivas” cabe de todo; como en cualquier gazpacho que se precie el truco está en saber mezclar bien los ingredientes.

Todo ello y tal vez algunos nuevos ingredientes de los llamados “independientes”, “progresistas”, “feministas” o provenientes de eso que llaman la “izquierda alternativa” seguirán manteniendo a España en una situación de profunda mediocridad.

En los regímenes demagógico-populistas nunca falta el caudillismo, el culto al jefe; el partido se construye con base en una figura providencial, una figura carismática, al que la nación, la región, la comunidad autónoma “le debe todo”… En la historia hay una larguísima lista de ellos. El líder (aparte de ser muy ocurrente y dicharachero) suele ser un demagogo, que miente, halaga, caricaturiza, criminaliza, “moraliza”, o desacredita según le convenga.

Un demagogo es “alguien que le dice cosas falsas a gente que considera idiotas” (Mencken, periodista, crítico social y librepensador norteamericano). Engatusa al personal con actitudes cautivadoras como besar a niños, darse “baños de multitudes”, visitar hasta el último lugar del mapa, abrazar a indigentes y desconocidos, y sobre todo prometer maravillas (Pensamiento Alicia lo llama el profesor Gustavo Bueno) Por otro lado, es obligado que sea agresivo, hiriente, sarcástico, sin contemplaciones ni concesiones con aquellos a quienes sus seguidores consideran que hay que aborrecer, por ser considerados “el enemigo”, “los otros”… llegando incluso al extremo de encender el fuego del odio, y a continuación acusar a los otros de ser los causantes de la “crispación”…

No hay régimen populista que tolere la libertad de prensa o la libre expresión. Los medios de comunicación solo son consentidos, tolerados (pese a que hayan puesto de moda la palabra tolerancia, no es sinónima de respeto) cuando son aduladores, trovadores del partido del régimen, del jefe…. Los “progres” censuran cuantas ocasiones lo creen necesario y de múltiples maneras a periodistas y medios; o boicotean o asfixian económicamente a los medios que no les son afines…

Los presupuestos siempre son manipulados con arbitrariedad. Los controles son silenciados o ninguneados. El modelo populista identifica fondos del Estado con fondos del gobierno o -peor aún- fondos de quien tiene la vara de mando. Los usa a discreción para someter a opositores, comprar voluntades y hacerse auto bombo (ni en tiempos de crisis, ¿Qué crisis?). Los regímenes como el de Rodríguez Zapatero no escatiman en gastos a la hora de transitar por el camino del narcisismo-absolutista. Para los regímenes populistas no hay limitaciones ni medidas fiscalizadoras o que fomenten la mínima transparencia en la gestión de la cosa pública, solo se admiten “observatorios inoperantes y laudatorios”, nada de instituciones independientes, llámense comisiones de investigación, tribunales de cuentas, defensores del pueblo, o cuestiones semejantes.

En un régimen populista-progresista no pueden faltar las alianzas con la “burguesía amiga” o los “empresarios patrióticos”, es decir, aquellos que prefieren sobornar a funcionarios, pagar “el impuesto revolucionario” para obtener privilegios, a producir de forma realmente competitiva.

Un régimen populista no se priva de echar leña al fuego, como antes he indicado. Se trata de provocar constantemente la confrontación con empresarios, militares, sacerdotes, periodistas y opositores de hoy, ayer, de antes de ayer y de pasado mañana; y a continuación añadir que son los únicos enemigos del progreso, de la felicidad, el igualitarismo y el crecimiento sin fin que disfrutamos gracias a ellos… Y por supuesto, los únicos culpables de lo que aún está por mejorar.

También es característico de este tipo de régimen político su absoluto desprecio hacia el orden legal. Igual que en las monarquías absolutistas y a la manera de los caudillos “dueños de vidas y haciendas de sus súbditos”, la ley es apenas un traje que se ajusta a gusto y medida.

Ni qué decir tiene que el régimen populista-progresista no acepta la alternancia, procura por todos los medios a su alcance perpetuarse en el poder, su ideal es la reelección ilimitada, e incluso la presidencia vitalicia, quizás incluso hereditaria (posiblemente el mayor deseo de ZP sería poder seguir los pasos de sus amigos Hugo Chaves y compañía…)

Todo lo anterior está aderezado con una buena dosis de buenismo, de pensamiento Alicia. La constante propaganda de que se está avanzando hacia un futuro maravilloso, de dicha, de felicidad, de equidad nunca vistos. Lo mismo que un ilusionista, que crea un escenario impresionante, que sólo es perceptible desde un determinado ángulo, y siempre y cuando todos los intentos de un estudio crítico sean abortados.

Es un espejismo que se publicita de manera machacona, hasta la saciedad (con mucha eficacia, todo hay que decirlo) lo mismo se divulga el echarles la culpa a los otros y a la herencia del régimen anterior y a sus cachorros, para tapar y camuflar la ineficacia de su gestión, sus fracasos, su actuar chapucero, y ocultar los síntomas de deterioro.

Repetir que se han logrado resultados notables desde que ellos gobiernan, y que nos espera un futuro aún mejor, no deja de confundir, “convencer” y tener realmente un efecto anestésico en los ciudadanos; o como poco siembra la resignación, la aceptación de la mediocridad imperante como algo soportable.

El caudillismo, el culto a la personalidad en torno a lo cual gira casi todo, la carencia de controles institucionales de cualquier clase, la inseguridad jurídica, la ausencia de visión de futuro, de previsión, de planificación, la cada vez mayor crispación y el objetivo de mantenerse en el poder a toda costa impiden cualquier posibilidad de progreso real. Con semejante clima no se pueden esperar inversiones propiamente dichas, ni ningún tipo de acción emprendedora, ni nada que se le parezca.

Los regímenes democráticos (no populistas) propiamente dichos no participan de la ristra de corrupciones mencionadas a lo largo de este escrito. No practican el personalismo narcotizante, anestésico, no manipulan los medios de comunicación, no usan de forma arbitraria el presupuesto, no alientan el odio, no desprecian la legalidad vigente, no boicotean la seguridad jurídica, no temen la alternancia, no descalifican de forma ruin y zafia a la oposición; no espantan las inversiones sino que las reciben con los brazos abiertos, se abren al comercio exterior y no distorsionan las estadísticas para engañar a la ciudadanía y hasta cuidan las formas (pero no con el “talante” cargado de un profundo cinismo)

Los regímenes democráticos -no populistas-poseen un mayor nivel de bienestar y de crecimiento, son previsibles e infunden más confianza.

Por eso nos vamos quedando en el vagón de cola, en el “trasero del mundo”, pese a las enormes potencialidades que seguimos manteniendo inactivas por responsabilidad del modelo populista-progresista que hipnotiza, esclaviza y embrutece.

La persona más peligrosa para determinados gobiernos es aquella capaz de pensar cosas por si misma, sin importarle supersticiones ni tabúes. El mayor de los temores de ciertos gobernantes es que este tipo de persona llegue a la conclusión de que el gobierno bajo el que vive es deshonesto, demente e intolerable…

Carlos Aurelio Caldito Aunión.

ccaldito@gmail.com

10 Oct 2009

La enorme capacidad anestésica del régimen zapateril

Author: admin | Filed under: Opiniones

Alberto Gómez Corona
El Estado vomita generación tras generación niños adoctrinados y convertidos en acémilas convencidos de que si llegan a ser maltratadores no va a ser por culpa de su propia moralidad, sino de la cultura imperante: son niños sin responsabilidades.
El delegado del Gobierno para la Violencia Doméstica, Miguel Lorente, advirtió este martes de que “la violencia no es amor” y consideró que “ver las agresiones como parte del amor” es un “error generado por la cultura” que “se tiene que combatir”.

En el manual acelerado de feminismo de este señor seguramente se terminará leyendo que toda violencia es un error cultural. Lo mismo que su corte de pelo, porque para la ideología de la izquierda que soporta el social-zapaterismo todo es cultural. En concreto, ¿adivinan cuál es la causa de la violencia? Claro: la cultura patriarcal, agresiva y machista generado por la religión cristiana y el capitalismo (para abreviar, llamémoslo “el rollo estándar”). ¿Y la causa de la violencia en otras culturas? Pues la ex-colonización del rollo estándar. ¿Y la de lo que escribo ahora? También el rollo estándar. Usted está pagando cátedras y cátedras universitarias cuya única y dudosa contribución en decenios es este mantra que ha sustituido al odio de clase en la mentalidad calenturienta de la izquierda. Y no sólo izquierda.

Pero la violencia forma parte del reino animal. La violencia entre sexos obedece a razones biológicas. La naturaleza animal, presente en el hombre, tiende a conductas que han favorecido la reproducción de cada individuo por cualquier medio. Por eso los hombres y las mujeres utilizan diversas estrategias manipuladoras y violentas con sus parejas con el fin de monopolizar los recursos del otro en distintos grados según el sexo y las circunstancias. Esas tendencias siempre han sido contrarrestadas y no alentadas por la educación, la religión y las formas tradicionales de organización. La familia extensa, donde la esposa está próxima a sus familiares, ha sido siempre un freno al maltrato de la mujer; los hombres tienen una innata repugnancia al maltrato por parte de otros hombres. La religión cristiana, por su parte, también ha ejercido su papel positivo con la monogamia y la dignidad de todo ser humano. Todo ello ha servido como freno. Se puede decir que las culturas se dividen en dos: aquellas en las que la pareja pasa a vivir cerca de la familia del novio y aquellas que van a vivir cerca de la familia de la novia. La tradición aquí ha sido la segunda.

La anomia moderna, el anteriormente llamado desarraigo, que era central en las explicaciones populares de la violencia hace 30 años, ha pasado a ser la situación normal. Todos los controles de la sociedad civil han saltado por los aires con la vida urbana y la emigración, el abandono de la religión y la misma destrucción programada de los lazos de ayuda mutua familiares, incentivada por el Estado, que se ha convertido en agencia de seguros para el padre, padre-madre-educador para el niño, asistente para el abuelo, protector-confesor-consejero para la madre y hada madrina para todos. En cualquier relación de dos, el Estado ha convertido en el primo de Zumosol con el que amenazar en cuanto las cosas con el otro no van del todo bien. Un triángulo que es imposible de sostener.

Los políticos, de izquierda y de derecha seguidista, lejos de culpabilizarse, ven en los problemas que ellos mismos agravan unas jugosas excusas para mas intervenciones. Desde ZP hasta el último politiquillo, valga la redundancia, se erigen, cómo no, en justicieros de las mujeres. Las calles se llenan de carteles convirtiendo a cualquier hombre en sospechoso habitual. Las leyes expresan discriminaciones jamás vistas en un Estado de Derecho. Esto agrava la situación, porque el acoso al hombre debilita la natural repugnancia de éste hacia el maltrato de otros, de forma que cualquier noticia de maltrato sin lesiones se convierte en sospechosa. El Estado vomita generación tras generación niños adoctrinados, menoscabados en su dignidad y convertidos en acémilas convencidos de que si llegan a ser maltratadores no va a ser por culpa de su propia moralidad, sino de la cultura imperante: niños que se sienten libres de responsabilidad alguna.

Estamos en plena caza de brujas instigada por los propios culpables. ¿Acabaremos reinventando las barriadas de madres solteras con todos los gastos pagados y niños salvajes que el laborismo inglés instituyó en los años 60 convirtiendo al típico gentelman ingles en el hooligan borracho de los 80? Sin duda estamos en el camino.

Alberto Gómez Corona es físico y miembro del Instituto Juan de Mariana. Es el creador de varios weblogs sobre evolucionismo, como La nueva Ilustración evolucionista, Psicología evolucionista yDarwinismo Conservador.

fuente: igual-da

28 Ago 2009

Violencia de Género = ERROR

Author: admin | Filed under: Violencia de mujer
EL pasado día 7 de este mes de agosto una mujer de 27 años fue detenida en Burgos tras asesinar a su propia madre, a la que había arrojado a un descampado a diez kilómetros de la ciudad, y ahogar a su hijo de tres años de edad. Ese mismo día ingresaba en prisión otra mujer, que unos días antes había abandonado durante toda la noche a su bebé de diecisiete meses en un cañaveral para poder acusar a su ex marido de secuestro. No han sido los únicos sucesos de violencia protagonizados por mujeres este verano.
En Murcia, apenas un par de días antes, una mujer mató a su hija, deficiente mental de unos treinta años, y después intentó suicidarse. Un poco más arriba, en Sueca, Valencia, una chica había, en los días últimos de julio, apuñalado a otra en la puerta de una discoteca. Los servicios de urgencia no pudieron hacer nada por salvar la vida de la víctima. Ese mismo día, en Arcos de la Frontera, Cádiz, otra chica se quitaba la vida después de ahogar a su hijo de año y medio.
No es inusual encontrar noticias en las que los recién nacidos son víctimas de sus propias madres. A finales, asimismo, del pasado mes de julio, una mujer ucraniana fue detenida en Barcelona por el homicidio de su hijo. “Una mujer mata a su bebé en El Masnou e intenta suicidarse”, “detenida la madre del bebé abandonado en un contenedor de basuras en Almería”, son algunos otros titulares encontrados al azar a este respecto. Es preciso aclarar, sin embargo, que si alguien tiene la ingenuidad de buscar en internet alguno de estos casos acotando la búsqueda mediante la fórmula “violencia doméstica” o “violencia de género”, tan sólo hallará sucesos en los que los verdugos son indefectiblemente hombres y las víctimas indefectiblemente mujeres.
Y, sin embargo, también los hombres son ocasionalmente víctimas de la violencia de las mujeres. En mayo de este mismo año, una mujer de La Coruña mató a su marido y se entregó después a la Policía. Unos días después, en Madrid, una mujer peruana mató a su marido “harta de sus palizas”, según entrecomilla el periodista en el titular de la noticia, tomando partido implícitamente por la versión de la presunta asesina. Esa tendencia más o menos inconsciente a introducir elementos de justificación cuando según qué tipo de crímenes son cometidos por mujeres contrasta con la absoluta ausencia de información acerca de las circunstancias biográficas o psicológicas que rodea a los agresores masculinos, reducidos apenas a la condición de bestias infrahumanas.
Ninguna de estas mujeres, sin embargo, constarán como agresoras en las estadísticas sobre violencia de género, ni ninguna de sus víctimas, aún siendo mujeres, podrían haberse beneficiado de la atención especializada que dispensan los juzgados de violencia contra la mujer. Aunque según señala el informe, publicado el 27 de febrero de este año, del Consejo General del Poder Judicial, el 25,6% de los fallecidos por violencia doméstica y de género son hombres, y que en el año 2007, por ejemplo, 10.902 denunciaron ser víctimas de violencia por parte de sus parejas o sus ex parejas, si alguien se molesta en consultar los datos que ofrece el Ministerio de Igualdad tan sólo encontrará agresores masculinos y víctimas femeninas, como si lo contrario fuera un imposible ontológico.
A tal respecto, resulta casi un sarcasmo que un Ministerio, cuya máxima responsable pasará, sin duda, a la historia de lengua española por haber parido la palabra miembra, y que se caracteriza por la orwelliana pretensión de imponer universalmente la neolengua de lo políticamente correcto, recaiga, sin embargo, a la hora de aportar datos sobre este tema, en un recalcitrante sexismo en donde ya nada es a/o, sino estrictamente masculino o femenino, según sean víctimas o verdugos, excluyendo cualquier otro tipo de casuística que pudiera poner en evidencia la inconsistencia de este constructo y, lo que es peor, discriminando a muchas de las víctimas, incluso femeninas (en el caso de las lesbianas, por ejemplo), en función del sexo del agresor.
Sobre el tema de la mujer estamos construyendo uno de los grandes mitos de nuestra época, y creando una especie de ente de ficción con tan poca consistencia real como el de aquel tipo angelical, etéreo y, afortunadamente, inexistente que nos legó la mitología romántica. Lo peor, no obstante, es que alrededor de este mito se está entretejiendo toda una tupida red de organismos e intereses, puramente materiales, que nos perjudica tanto a los hombres como a las mujeres, en términos de libertad, en términos de igualdad y en términos de fraternidad. En este sentido, muchos y, cabe decir, muchas de los que, por formación y por convicción, hemos considerado siempre una obviedad incontestable la intrínseca igualdad de hombres y mujeres, asistimos no sólo con perplejidad sino con preocupación a esta especie de diferenciación ontológica a partir de una categoría metafísica tan discutible como la de género, que rompe ideológicamente con la única identidad que es admisible desde un punto de vista verdaderamente progresista: la de ser humanos, demasiado humanos.
25 Ago 2009

Violencias de genero

Author: admin | Filed under: Violencia de mujer

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7 Jun 2009

Falsa violencia de genero

Author: admin | Filed under: Denuncias Falsas, Violencia de mujer